Centro Martin Luther King

Una Iglesia de Pentecostés

Pentecostés, viene de la palabra que significa el número 50, los cincuenta dias despues la Pascua, es la fiesta de las primeras cosechas de trigo o cebada, es una fiesta alegre en que se cosecha lo que se ha sembrado.
Es el triunfo del trabajo y de la paciencia. Pero por encima de todo de la vida escondida en una semilla que se entierra. Jesús dijo, si el grano de trigo no cae en tierra y muere no lleva fruto, pero si muere lleva mucho fruto, hablaba de su propia muerte.

Hechos 22.1-11

De modo que el Pentecostés es la cosecha de la siembra la vida de Cristo crucificado y resucitad. Una muerte y resurrección que se ejecuta una y otra vez en los propios frutos, es la ley de la vida. Para que la vida se prolongue y se expanda tiene que haber muerte y resurrección.

No fue un acontecimiento automático. Hubo un tiempo de preparación de una comunidad de discípulos, hombres y mujeres, que obedeciendo al mandato del Señor se habían quedado en Jerusalén, durante estos 50 dias en perseverante oración y comunión unos con otros.

Ese tiempo en que la semilla está en el vientre de la tierra, sin actividad que hacer, simplemente, guardando silencio en una oración de purificación del yo, como una vida que se va gestando, requiere su tiempo. Así la Palabra de Dios va obrando en nuestros corazones, silenciosamente, cambiando todo lo que tiene que cambiarse, limpiando de las falsas ideas y prejuicios, purificando lo todo como un fuego que limpia la escoria.

Este es el sentido de la espiritualidad de la oración perseverante y la comunión sagrada entre hermanos y hermanas. Ahí esta la semilla de la iglesia, que no debemos olvidar un dia como hoy, somos una fuerza espiritual, sin la oración y meditación y sin la comunión estrecha de hermanos no podemos proyectar la luz de Cristo al mundo.

Sufrimos que nuestro viejo carro no tiene luces en la noche, no alumbra lo suficiente. Alguno de ustedes pensará por qué no cambian los bombillos, y no es eso, es que la pantalla, el espejo que refleja y lanza la luz ya esta empanado, no refleja la luz. Nosotros reflejamos la luz de Cristo sobre el camino de la vida, si no estamos limpios no reflejamos esa luz en el camino. Esa pureza y transparencia es el resultado de una espiritualidad que nace de Cristo muerto y resucitado, que tiene que reproducirse, esa muerte y esa resurrección, que no es otra cosa que una vida renovada y limpia.

Hoy es difícil no pensar sobre la iglesia sino en términos institucionales. Una institución, con sus dogmas, su orden de organización, sus estructuras.\No hay duda que todo movimiento social tiene que encontrar una forma de institucionalizarse, para perdurar, para mantener su visión original. Pero el riesgo de la institución es la búsqueda de su auto preservación, convertirse en un fin en si misma.

En mis anos de pastor he visto como hemos confundido la iglesia como el lugar de las personas que se consideran buenas, decentes y morales. Y desde luego debe irradiar bondad, decencia y moral, pero cuidado, la iglesia debe parecerse a un hospital, donde se irradia salud y bienestar, pero el hospital tiene que estar lleno de personas enfermas si no es hospital. Y la iglesia debe ser un lugar también en que se aceptan y reciban a las personas necesitadas de transformación, para obrar en ellas sanidad y vida. La Iglesia también tiene el peligro de convertirse en una secta excluyente, de gentes que se separan del común del pueblo, y que dan la espalda a las vicisitudes, problemas y conflictos de la vida de su pueblo. Eso no es lo que hizo Jesús, ese no es ser su iglesia.

La comunidad que Jesús creó, no es un fin en si misma. El mundo es su razón de ser. Dios vino al mundo, porque Dios ama al mundo, y Cristo murió por este mundo.

Esto esta visualizado en el evento del Pentecostés, la fiesta judía de la cosecha de las primicias de la cebada. Se pasa revista a una cantidad grande de naciones, pueblos, desde Mesopotamia hasta Cirene, en el norte de Africa, desde Arabais hasta Roma. Eran los judíos de la dispersión, que habían creado colonias en todas partes. Jerusalén era en aquellos dias un carnaval de coloridos y de diversidad.

El movimiento de Jesús es un proyecto universalista. Frente a otro proyecto universalista, el imperio romano, que buscaba imponer una lengua común, el latín, aunque ya el griego lo había impuesto Alejandro el Grande. Imponer una cultura, un solo pensamiento, excluyente. Se parece hoy al proyecto de globalización que pretende convertir al mundo en un gran mercado, exacerbando el consumismo y el egoísmo individualista.

El proyecto universal de Dios es diferente, cada uno oye el mensaje en su propia lengua materna. Dios se encarna en cada pueblo, habla su lengua, acepta su cultura, sus tradiciones, su identidad. ¿Por qué la arrogancia de querernos superiores a los demás queremos que los demas sean como nosotros? Dios ama la diversidad.

Cual es el mensaje que dan, los oímos hablar “las maravillas de Dios”, un Dios de amor, un Dios que los acepta como son, que los invita a crecer en ese amor que es lo que nos salva y nos asemeja a Jesús. La Iglesia tiene esa vocación de ser hogar de todos y todas, porque es tenemos un solo padre, que nos recibe sin exclusiones.

Este nuevo espíritu no se quedó en una explosión que pudiera calificarse de emocional. Esta nueva experiencia echó raíces en la vida concreta de la comunidad, creó una comunidad diferente, en medio de un mundo de ambiciones egoístas.

En Hechos Cáp. 2. 43 al 46. Una comunidad donde desaparecieron las ambiciones individualistas, que había “temor”, que es la reverencia y el respeto. La reverencia por la vida, es un rasgo de espiritualidad, pero no se quedó ahí, la unidad era perfecta, compartían todo. Partían el pan con alegría, de corazon. Y era Dios quien añadía a su iglesia los que eran salvos de este mundo de egoísmo.

Este es el paradigma de Pentecostés que nos reta hoy también como Iglesia y pueblo de Dios.

tomado: http://www.alcnoticias.net

Última modificación: 31 de mayo de 2013 a las 20:10
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