Centro Martin Luther King

Lucha de ideas, de palabras

Una de las máximas de la educación popular es partir de la práctica, de las experiencias de los sujetos. Ese precisamente ha sido el punto de arranque del V Encuentro Latinoamericano de Educación Popular Ambiental.

Una de las máximas de la educación popular es partir de la práctica, de las experiencias de los sujetos. Ese precisamente ha sido el punto de arranque del V Encuentro Latinoamericano de Educación Popular Ambiental. Juan Francisco Santos, director del Centro de Educación y Promoción del Desarrollo Sostenible (CEPRODESO) destacó como un salto cualitativo en el diseño de esta edición, el llamado a “mirarnos como sujetos colectivos y no como individualidades”.
El encuentro tuvo un momento desde la virtualidad. Quince días antes de la bienvenida oficial, prevista para el 11 de diciembre, las personas participantes intercambiaron por correo sus expectativas y una información básica sobre sus prácticas de educación popular ambiental.
Uno de los llamados del Comité Organizador fue traer insumos que contaran las acciones y procesos que cada quien emprende en sus respectivos espacios. Pero a diferencia de otros talleres acá las experiencias entraron a dialogar desde el inicio. Se juntaron personas de diferentes países y provincias cubanas a partir de ejes comunes: la formación y la articulación de actores; la gestión comunitaria ambiental; la gestión ambiental en las áreas protegidas; la autonomía local y los códigos alternativos.

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¿Cómo se hace incidencia política desde estas experiencias? ¿Cómo responden a los contextos donde están insertas? ¿Qué retos, amenazas y oportunidades han identificado? Estas preguntas provocaron el primer intercambio y la síntesis de los debates llenó de carteles colectivos el salón donde se sesiona en el Palacio de la ciudad de Pinar del Río.
Conversaron las experiencias entre sí para conformar una presentación desde las raíces comunes que las juntan, sin descuidar las peculiaridades que cada una de ellas aporta a temas tan complejos como los que están a discusión en este V Encuentro: los sentidos políticos y la incidencia de las prácticas de educación popular ambiental en la transformación socioambiental de las respectivas realidades.
Con respecto a las apuestas formativas Danilo Urrea, de Amigos de la Tierra y Radio Mundo Real, resaltó la urgencia de contar con “una escuela que aprende” y no solo que enseñe, un aula conectada con el mundo. “La única forma de romper las relaciones de dominación es generando una construcción colectiva del saber, crear una nueva epistemologías desde la formación y articulación que genera la educación popular”, añadió.
Jesús Figueredo, del Centro Martin Luther King (CMLK), de Cuba compartió algunas de las certezas del equipo que reunió experiencias formativas y de articulación: el propio proceso de formación en educación popular apunta a la incidencia política. Tampoco hay fórmulas para hacer esa incidencia porque “no funciona igual una estrategia de incidencia en un contexto que en otro.

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“La manera de expresar el mundo responde al paradigma que nos condiciona día a día, en el caso de Cuba y también del mundo entero. Hay que cuestionarse las cosas que reproducimos cotidianamente, y eso tiene que ver con las maneras en que pensamos una gestión ambiental de una comunidad o un área protegida, una propuesta curricular… Cuestionarnos todo eso nos lleva a la perfectibilidad y la transformación, que no se va a dar de un día a otro, pero tampoco va a llegar si no lo hacemos desde la construcción de nuevos sentidos que nos lleven a vivir por adelantado ese paradigma emancipatorio, comentó Jesús.
“La intencionalidad política no se puede quedar en el populismo de pensar que la gente siempre tiene la razón, ni el autoritarismo, de yo soy quien tiene la razón, ninguno de esos dos extremos son buenos. Hay que lograr la participación activa y consciente de la gente, que no es que te movilicé, sino que tomes parte realmente de los procesos. Pero ¿la gente está preparada para esa participación? Ese es uno de los desafíos de la educación popular ambiental, formar para esa participación.”
Este Encuentro Latinoamericano forma parte de ese andar, de esa construcción política del continente nuestro, que apunta al sujeto colectivo, un sujeto protagónico que en la medida que esté más conscientes, más preparado, podrá responder mejor a los nuevos desafíos. Por eso apostamos por la educación popular ambiental que es una propuesta política, que responde a la historia latinoamericana, puntualizó Juan Francisco.
Cada uno de estos espacios que se abren ponen sobre la mesa nuevas interrogantes sobre los modelos de desarrollo de los pueblos de América Latina, las relaciones de poder desiguales que se perpetúan o disimulan con mutaciones. Las palabras, cargadas de sentidos o vacías de ellos entran y salen de los discursos y en ese juego de palabras y conceptos, se expresa la lucha de ideas que puede generar la emergencia de ese otro mundo, mejor y posible.
¿Qué estamos entendiendo por buen vivir, autonomía, áreas protegidas, comunidad, desarrollo sostenible? ¿Quién define estos términos? ¿Qué es calidad de vida?
La profesora universitaria Iris relata cómo sus alumnas en Argentina asociaban la calidad de vida con bienestar, condicionadas por la tenencia de bienes materiales o el acceso a recursos, o lo que es lo mismo, el estatus que dan ciertos privilegios. “Para mí calidad de vida sería aquella que me permite vivir coherentemente entre lo que pienso, siento y hago, si no sacamos la calidad de vida de lo que nos propone el sistema de dominación en el que estamos inmersos no podremos construir otra cosa”, afirma.
Juan Manuel Canales trabaja temas de salud con comunidades indígenas en Chiapas y una de las lecciones que cuenta es la de construir junto a ellas, los contenidos que le damos a cada palabra. Por eso más que llevarles un concepto acabado sobre salud, prefiere armarlo con las experiencias y las maneras de expresarse de esas comunidades.
Tampoco se puede perder de vista que el espacio físico o geográfico no determina una comunidad, sino los sentidos psicológicos, la identidad compartida de quienes no solo viven en un barrio específico, y sobre todo, se ven a sí mismos como colectividad. Esa comunidad también tiene dentro de sí elementos propios de la dominación, que promueven el individualismo, naturalizado por el sistema capitalista. Esos aspectos hay que develarlos y trabajar sobre ellos, son necesarias “heridas que uno toca”.
Como dijera la educadora popular peruana Nury García los enemigos no están solo allá, también conviven “en nosotros, en nuestras cabezas, en nuestras subjetividades”. Por eso para lograr autonomía es necesaria la autotransformación, la autoformación contra esos procesos de domesticación que se disfrazan tras seudoparticipación ciudadana. “La autonomía es una pregunta que nos hacemos caminando, como dicen los zapatistas. Se trata de nutrir nuestra rebeldía”.

Última modificación: 13 de febrero de 2013 a las 15:41
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