Centro Martin Luther King

Coalición Religiones, Creencias y Espiritualidades en Diálogo con la Sociedad Civil

Documento presentado por la coalición ecuménica ante la OEA en Perú

Coalición Religiones, Creencias y Espiritualidades

en Diálogo con la Sociedad Civil
Eje Temático 1: Gobernabilidad Democrática y Corrupción

La corrupción es un flagelo que las sociedades latinoamericanas cargan desde los comienzos de la conformación de los estados-nación. Es un tema generalmente asociado con la administración del poder, pero que en realidad toca aspectos básicos de la convivencia y ética sociales. Por esta razón, hablar de corrupción implica una tarea que concierne a toda la ciudadanía, a la clase política y a las organizaciones de sociedad civil, que conviven con estas dinámicas en el día a día, tanto a nivel interno como también sufriendo las consecuencias estructurales que acarrea.

Desde la perspectiva religiosa y espiritual que promueve esta Coalición, queremos abogar por un tratamiento amplio de la corrupción. Esto, desde la imperiosa necesidad de que sea un tema discutido en el marco de los derechos humanos y, principalmente, desde una denuncia a todo tipo de acción que pretenda legitimar un espacio o posición de poder para beneficio propio y en detrimento de la dignidad de la comunidad social, de la expresión plural y del desarrollo de lo diverso. Inclusive los propios espacios de fe y espiritualidad deben realizar una profunda auto-crítica sobre los niveles de corrupción tanto sobre su actuación pública como de sus dinámicas institucionales y discursos teológicos, en los cuales se plasman cosmovisiones contrarias a la dignidad humana.

De aquí, hacemos un llamado a los Estados y a las organizaciones de la sociedad civil sobre la necesidad de tener en cuenta los siguientes elementos hacia la construcción de una ética social inclusiva y comprometida:

1. Reconocemos la importancia que poseen las comunidades y voces religiosas en el espacio público para tratar estas temáticas. Pero al mismo tiempo, cuestionamos aquellas perspectivas que se levantan como expresión monopólica de toda fe o creencia –especialmente las cristianas- que entremezclan posicionamientos morales particulares con la totalidad de las voces que forman parte de su comunidad como de otras expresiones de fe. Lo religioso es un espacio plural y diverso, donde las prácticas y discursos no poseen un modo único de plantear la vida, las relaciones o las cosmovisiones sobre la realidad. De aquí, denunciamos a aquellos grupos y sectores que en nombre de la fe abogan por la negación de las diversas perspectivas sobre el género, la diversidad sexual, los modelos de familia, los proyectos educativos y los tipos de sociedad deseados, estigmatizando la diferencia de manera anti-democrática, y, lo que creemos peor aún, en nombre de Dios.

2. Uno de los temas más sensibles en nuestro tiempo es la aún presente resistencia hacia una agenda política inclusiva, donde las diversidades sexuales, la educación sexual y las políticas de salud reproductiva sean temas que puedan tratarse y aplicarse con la libertad que merece, sin ser instancias de discriminación y condena. De aquí, denunciamos el uso del extendido término “ideología de género” como un calificativo empleado en términos condenatorios y discriminatorios, sin sustento real alguno. Reconociendo que esta expresión es manipulada especialmente por espacios religiosos, queremos plantear, desde una visión alternativa de la fe y las creencias, que las religiones no tienen posiciones monolíticas sobre las perspectivas de género, ni en la historia ni hoy. Más bien, existen incontables elementos teológicos, discursivos, simbólicos y rituales, donde la fe y lo religioso representan instancias inclusivas, de reconocimiento y promoción de la diferencia y la pluralidad.

3. Una situación preocupante es el creciente número de femicidios y de casos de violencia de género. Vemos con gran decepción que muchos gobiernos han desfinanciado programas de atención a las mujeres, a las víctimas de violencia y de concientización sobre perspectivas de género. Hacemos un llamado, no sólo a un cambio urgente en políticas públicas con respecto a las mujeres, sino también hacia dentro de las comunidades religiosas y sus discursos estigmatizantes sobre los roles de género y las nuevas masculinidades. Nada más lejos de las perspectivas ancestrales y teológicas donde el ser humano, en su plenitud sexual, tiene el mismo lugar frente a lo divino, al cosmos, a la comunidad y al prójimo.

4. Esto también nos lleva a plantear que el neoconservadurismo y el fundamentalismo no son sinónimos de lo religioso. Lamentablemente, muchos espacios religiosos han sido funcionales a políticas y modelos de este tipo, nuevamente apelando a ello desde una perspectiva teológica, utilizando de forma sesgada la lectura de textos sagrados y discursos de fe. De aquí, nuevamente planteamos el hecho de que las creencias religiosas, en todas sus expresiones, dan lugar a voces y perspectivas alternativas, donde la diversidad, lo plural, el compromiso con los sectores en situación de vulnerabilidad, la lucha por los derechos humanos, y la inclusión de los sectores excluidos, no sólo son parte de una agenda de incidencia sino una respuesta a la misma fe.

5. Por todo esto, creemos necesaria una discusión profunda con respecto a las perspectivas sobre la laicidad de nuestras sociedades y Estados. Por un lado, aunque la mayoría de Estados en América Latina se declaran laicos, la realidad es que aún mantienen una impronta cristiano-céntrica, al punto, en muchos casos, de financiar la misma estructura de la iglesia católica, lo cual está lejos de un sano espíritu de laicidad, y más aún, democrático. Por otro lado, también vemos que las voces religiosas consultadas generalmente por los gobiernos y la clase política responden a perspectivas tradicionales y patriarcales de la jerarquía, las cuales precisamente responden a visiones comúnmente conservadoras y resistentes a agendas de derechos humanos.

Queremos finalizar haciendo un llamado a los Estados y organizaciones de sociedad civil, para que convoquen voces religiosas alternativas en el tratamiento de temáticas sensibles que conciernen a políticas públicas y la construcción de un ambiente democrático plural y diverso, para que “lo religioso” no quede vinculado sólo a miradas moralizantes particulares. Además, estas luchas puedan encontrar un eco dentro del mismo campo religioso, el cual es fundamental en todas las dinámicas presentes en nuestras sociedades, y que además está compuesto por muchas personas dispuestas a movilizarse y colaborar activamente, desde su propia fe, por la defensa de la inclusión, la pluralidad, la justicia y por una ética que resiste la corrupción de las relaciones sociales y la dignidad humana.

Muchas gracias

Última modificación: 10 de abril de 2018 a las 15:01
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